Sin novedad en Cervantes

COMENTARIOS A CERVANTES
(Actas selectas del VIII Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas)
Edición Emilio Martínez Mata y María Fernández Ferreiro
Fundación María Cristina Masaveu Peterson, 2014
1051 páginas

CERVANTES: LA FIGURA EN EL TAPIZ
Jorge García López
Editorial Pasado & Presente, 2015
282 páginas

Al titular que no hay novedad en Miguel de Cervantes quiero decir que se sigue estudiando al gran Manco como siempre, es decir, a base de estupendas aportaciones, tal que las dos que hoy comento, y a base de disparates como los del catedrático acreditado (sic) emérito de la UNED Francisco Calero, cuya tesis de que fue Luis Vives quien escribió el Quijote ya vapuleó en estas páginas el catedrático Jesús Menéndez Peláez con tanta elegancia como contundencia, ahorrándonos así el trabajo de darle más cancha al delirio. Volvamos a lo positivo: por ahí anda ya L’inxeniosu fidalgu Don Quixote de La Mancha en asturiano, gracias al esfuerzo descomunal del filólogo de Udrión Pablo Suárez, y ya se anuncia el texto (¿definitivo por fin?) de una nueva edición firmada por Francisco Rico. Bien está.
En efecto, la Universidad de Oviedo acogió hace tres años un muy completo Congreso cervantista cuyas Actas nos llegan ahora en edición estupenda (buen papel, buen margen, orden y ciencia) para solaz de iniciados y también de puntillosos. Podemos, pues, consultar las conferencias de inauguración y clausura, estudios sobre la poesía cervantina, sobre el cervantismo en Estados Unidos, sobre la vida y obra de su autor (Cervantes, aclaro por si acaso), sobre la música o la recepción e interpretación del Quijote, sobre aspectos de esa novela, de las Novelas ejemplares, de su teatro, del Persiles… gracias al rigor y denuedo del muy estudioso catedrático Emilio Martínez Mata, que tanto sabe del tema. ¿También para puntillosos, dije, o fanáticos del detalle? Lean el título de dos de las ponencias recogidas en el volumen: “El reflejo de Sancho Panza en el ‘sidekick’ del cómic de superhéroes” y “El Quijote y la autopoiesis”. Ahí es nada. Gozada total cervantista.
De cátedros sigue la cosa: Jorge García López la emprende con lo que subtitula “Itinerario personal y vivencia intelectual” de Cervantes, con el fin de colocar al autor dentro de su tiempo, con el fin de que su figura se vea mejor dentro del tapiz de la época que le tocó vivir. No aporta grandes novedades sobre la vida del biografiado (porque no las hay, de momento: esperemos que no nos lluevan nuevas memeces o aparezca una nueva prueba “irrefutable” del lugar de la Mancha), pero sí insiste lo necesario en algunos detalles. Por ejemplo: “Su obra es tan difícil como lo resulta entender una vida a la que la admiración bobalicona y la impronta misma de su creación literaria han multiplicado en suposiciones vacías de contenido, valoraciones apresuradas, juicios desatinados, graves malentendidos, innumerables sofismas, inocentes falsificaciones y leyendas de todo cuño”. Una de ellas es la de cebarse con Cervantes considerándolo “ingenio lego”, un aficionado sin base cultural alguna. Aquí viene su reivindicación: fue “un personaje de carácter y con una gran capacidad de concentración en los problemas estéticos que planteaba la escritura, lo que no implica que no fuera despistado en la concreción material de sus textos”. Otra la de tenerle por un don nadie, siempre a la cuarta pregunta, cuando era “un hombre habituado a levantar actas diariamente, a firmar protocolos, expedir letras de cambio, recabar fondos en el banco o depositar cheques de transferencias para la Real Hacienda. Es lo más parecido a un moderno funcionario de tipo medio del Ministerio de Hacienda (o Defensa) que trabaja en la logística militar”, según García López. De hecho, “su vida estuvo incluso algo por encima de lo normal en la época”. La visión negativa que algunos tienen del alcalaíno nace de lo que pudo haber sido y no fue: “estudiante en Alcalá siendo ya reconocido poeta (1568), capitán de los Tercios (1575), famoso autor teatral (1581-1587)”. En definitiva, se sigue sacando agua (clarísima o turbia) del inmenso pozo cervantino, del autor que dio con “Don Quijote pasatiempo / al pecho melancólico y mohíno, / en cualquiera sazón, en todo tiempo”.

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