El comisario Montalbano se hace mayor

 

 

 

UNA VOZ EN LA NOCHE

Andrea Camilleri

Trad. Carlos Mayor

Salamandra, 2016

224 páginas

Enhorabuena, adictos españoles a las aventuras del comisario Montalbano y de sus compañeros o amigos en la imaginaria (no tanto) Vigàta, en la Sicilia profunda aunque marítima. Acaba de salir en español la penúltima entrega protagonizada por el héroe que hizo famoso a Andrea Camilleri (1925; sí, cumplirá 92 años en septiembre) cuando se negó a jubilarse por completo, a ponerse la mantita a cuadros para, en vez de ello, sentarse a escribir y a escribir y a escribir. Nos falta aún otra novela montalbaniana (fechada en 2013 en italiano, Un covo di vipere; en español sería Un nido de víboras: veremos cómo la traducen), de modo que hay que esperar, quizá leyendo Mujeres, de la que ya escribí aquí mismo, que no pertenece a la serie de la comisaría vigateña o vigatense, pero que es posterior en su escritura, 2014, a esta Una voz en la noche, escrita en 2012. Ya llegó, pues, Camilleri a la treintena de las pesquisas de Montalbano y compañía.

Que Camilleri escribe demasiado se nota, como a todos. En esta novela, se nota en cosas que ya se iban apuntando en su autor (un anciano que, encima, fuma). Casi todo es diálogo y la trama arma un lío de tan potente magnitud y poca profundidad que desvía al lector de la misma para centrarlo en la evolución del comisario, en su total desencanto y en la aparición de sus primeros olvidos y miedos, frutos ambos de los 58 años que con tanto dolor y rabia cumple. Para hacerlo, se apoya Camilleri en un presunto suicidio del dueño de un supermercado (cosas de la mafia), en un joven descerebrado y el asesinato de su chica, en varios políticos implicados, en un ir y venir del argumento, confuso y liado y lioso. Desde luego, no faltan las bromas: un abogado dice que conoce a su cliente y que “no toma estupefacientes ni los ha tomado nunca”, a lo que repregunta el comisario: “¿Está ya estupefacto por sí solo?” No faltan el cocinero Enzo, ni Mimí, Fazio, Gallo (de refilón), Livia y sus llamadas de teléfono, el siempre grosero y malhumorado forense Pasquano, el fiscal imbécil Tommaseo, el periodista vendido Ragonese, el periodista veraz Zito, el jefe policial perplejo e ineficiente Bonetti-Alderighi… Y no falta, el inefable Catarella, el hombre para todo de la comisaría: “Escúchame con atención. Quiero que busques el teléfono de la central de una empresa en Roma, IBM…”, le pide Montalbano. Nuestro Cataré inquiere adónde tiene que ir tras buscar el susodicho número. El comisario aclara: “Cataré, no he dicho ‘y veme’… Es que la empresa se llama ‘i-be-eme’ ”. Es el Cataré que encuentra “La Divina con media” en un “mepetrés”. Pero se profundizan las reflexiones: “El apoyo más o menos encubierto de la mafia a cier­to poder político, por medio de algunos diputados y sena­dores con los que mantenía vínculos, le provocaba un des­dén y una indignación que cada vez le costaba más reprimir. Y ahora estaban empezando a aprobar una serie de leyes que no tenían nada que ver con la legalidad. ¿En qué país se había visto que un ministro en ejercicio llegara a decir que había que convivir con el crimen organizado? ¿En qué país se había visto que un senador, condenado en primera ins­tancia por estar en connivencia con la mafia, volviera a presentarse y fuera reelegido? ¿En qué país se había visto que un diputado regional, condenado en primera instancia, por haber ayudado a la mafia, fuera nombrado senador?” (págs. 62-63). Y el subsiguiente desencanto: “La prensa, esto es, la prensa escrita, no sirve para nada. Italia es un país con dos millones de analfabetos totales y un treinta por ciento de la población que a duras penas sabe firmar. Tres cuartas partes de los que compran el periódico sólo leen los titulares, que, con frecuencia, y eso es una costumbre estupenda muy italiana, dicen lo contrario que el artículo. Los pocos que quedan ya tienen formada una opinión y se compran el periódico que la refleja”. Aquí habla el activista Camilleri, por boca de Montalbano. Porque el tiempo pasa y sus edades se acercan.

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